Orlando Heredia

Qué pasó con la Política 2.0

Hoy las redes sociales cumplen un rol primordial en las diferentes conversaciones en las que los bloggers, comunicadores sociales o personas comunes construyen sus imaginarios en la red de redes. Hoy somos Twitter, Facebook, Youtube, Google Account, y cientos de servicios del fenómeno WEB 2.0 que con la evolución de las Appis (aplicaciones), han trastocado la forma en que interactuamos y nos relacionamos en nuestras sociedades occidentales. 

Hoy también el término política 2.0 se ha vuelto popular en la jerga de politólogos chilenos cercanos a las nuevas tecnologías, siendo una suerte de ideal popular para el cambio  y la transformación social. 

Ante esta expectativa mesiánica de las nuevas tecnologías, saltan a la vista al menos 2 problemas. Por un lado, aunque Chile tenga una de las tazas más alta de penetración de “banda ancha” de latinoamérica, ésta no es lo suficientemente rápida (Mbps), ni dinámica y ni aún menos competitiva en comparación a precios de otras latitudes, en especial de países desarrollados.

Sabemos que Internet posibilita nuevas formas de comunicación y de discusión, pero me gustaría dejar en claro que afirmar que en Chile se estaría generando una política 2.0, se podría catalogar en palabras del sociólogo francés Mattelard como una “trampa semántica”. Para que ello sea posible es importante primero socializar la estrategia digital de Chile, y segundo, con mayor fuerza exigir un proyecto de ley que garantice constitucionalmente la conexión a internet. 

Existen ocho millones de usuarios chilenos en Facebook, pero el grupo de usuarios que lo utiliza para desarrollar un ejercicio critico comprometido es una cifra muy menor. No descartaría completamente la existencia de algún tipo de política 2.0, pero las características de ésta se asemejan más a una estrategia de marketing viral, instrumentalizada por los políticos tradicionales y sus asesores comunicacionales. 

El reconocimiento de estas acciones como acciones ciudadanas alude a la importancia que estas tecnologías están teniendo para compartir ideas, pero me atrevería a firmar que las personas que utilizan estas herramientas en su mayoría lo hacen vaciándolas de  contenido político o de una conceptualización que se refiera a lo político por que existe resistencia y temor al término “politico”.

El Ciberciudadano realiza el ejercicio de ciudadanía en función de lo que la arquitectura de la red le permite: compartir, editar, crear, mezclar, remezclar, copiar, etc. Pero la política nacional se encuentra atada a una arquitectura y a una participación en instituciones viejas y anacrónicas que no interpretan el sentido liberal de la participación democrática. Y es que el componente esencial en la institucionalidad democrática y el espíritu que motiva la conformación de los estados republicanos, como el nuestro, es la propia libertad. 

Es así que si no referimos a la existencia de una política 2.0, aquella que promueve la critica social, es lejos  propiedad de los politólogos, es identidad y propiedad  de cada pensador libre. De cada hombre y mujer que se atreve a decir en las redes sociales lo que no le gusta, pero sobre todo la verdadera política es aquella de los movimientos sociales, de las personas que se congregan en un foro, facebook y que plasman su inquietud y su voz  coordinando acciones en el mundo virtual y real, en marchas, en  conversatorios. Abría que preguntarse si los cientistas políticos de cualquier espectro político partidista están haciendo aquello. Antes de referirme a un Política 2.0 declararía que ésta no tiene ningún contenido ideológico ni partidista, está anclada a la arquitectura de internet, que aún para desgracia de muchos bloques y corporaciones aún tiene voz propia.

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Miguel Fibla
dijo :

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Miguel Fibla Vásquez

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20/06/2010 a las 8:57:47 PM, CLTResponder

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